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Por lo tanto, no es posible afirmar que exista una propuesta educativa neutra, la Educación implica una intención relacionada a la transmisión de unos determinados valores, y a su análisis y cuestionamiento, y al mismo tiempo al planteamiento de otros valores que se consideran deseables.
Los valores personales parten de los deseos, intereses y preferencias de las personas, donde se emite un juicio valorativo en relación a algo o alguien, por ejemplo, gustar de las novelas brasileñas o de ciertos programas de televisión. Los valores sociales como construcciones normativas nos ayudan a asegurar el orden y la convivencia en sociedad, gracia a ello toda persona puede reconocer aquello que es institucional y socialmente aceptable. Los valores morales que se distinguen básicamente por ser universales, inalterables y de naturaleza ética, son normativas de vida que debemos asumir y entender como aquellos valores que asegurarán el intercambio dialógico, participativo y de sentimientos entre las personas en comunidad, por ejemplo, respetar la vida, respetar la dignidad de las personas o ser honesto con uno mismo y con los demás.
Podríamos recordar una canción hermosa de Alberto Cortés, en la que se repite que "somos los demás de los demás". Si entendiéramos a cabalidad estas palabras, si las aplicáramos a lo cotidiano, estaríamos dando un paso enorme hacia la convivencia; y entenderíamos que cuando decimos que los seres humanos son nuestros semejantes, estamos aceptando que somos como ellos y que ellos son como nosotros, es decir, que somos parecidos, similares, semejantes; y que por eso, lo que nos duele también les duele a ellos, y la felicidad que conseguimos se refleja en nosotros y se proyecta hacia los demás, en esa tarea olvidada pero importantísima de construir entre todos la felicidad común y colectiva.
Los cirenaicos, por su parte, eran hedonistas y creían que no había mayor bien que el placer y que éste era sólo mesurable en grado y duración; los megáricos decían que aunque el bien podía llamarse sabiduría, Dios e sólo uno, y que el Bien era el secreto del Universo que sólo puede revelarse mediante un estudio lógico. Como vemos la definición de ética ya contaba con algunos problemas de escuelas clásicas, que fueron las más influyentes de la historia; a éstas le sucedió la cristiana la cual introdujo la idea de que una persona era independiente de Dios y jamás podría alcanzar la bondad por medio de la voluntad o la inteligencia, sino únicamente con la ayuda de dios. La primera idea ética cristiana prevalece hasta el día de hoy “Haz al otro lo que quieras que el otro te haga a ti”, es decir el mandato de amor hacia el prójimo.